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Cortos-cortísimos

Sus-trato

        No queme sus lagrimas de nuevo, hágalas suyas, solitarias y profundas cercanías. Es cierto, nadie tiene más derecho a matarse que el que se ha levantado. Ha visto un pedazo de su cielo y ha querido regresar, espantar su ruido, atravesar con una bala sus aves, quitar y exprimir cada una de sus plumas hasta des-materializar, aniquilar cada verso al amor, al suspiro. No trate usted de repudiarse, el asco innato de su rostro lo ha hecho merecedor de sus placeres. Es lo mismo una mirada al horizonte y un silencio alternado, unido. Ha llegado el olor de su sombra matutina; elevación nocturna. Ya va siendo tiempo de que se deje de rodeos y se largue. El remedio a los fantasmas se encuentra en la selva de sus horas y no en el minutero de los rápidos desenfrenos. Clave, pues, el esfero y la navaja en la punta del centro de su mano, hasta que el filo toque la mesa, que el dolor es suyo y suya la mesa, suya la naturalidad del objeto, suya la insignificancia de su alarido. No hay otra solución. Rasgue su pedazo, enróllelo y ruede con él sobre la bicicleta. Hágalas suyas, júrelo.

El proyecto de Otros 

        De entre la maraña surgen y sangran individuos día tras día. Usted los ha visto, bajan como gotas de agua de la montaña, asustados del olvidado río que se cruza entre sus piernas; el mismo caudal que enceguece a tantos, que a tantos ha mutilado, que a tantos ha vuelto solo un vasto mar de esperanzas en la gloria de un reflejo de agua rota. Usted y yo los hemos visto, caminan conducidos por un hilo de nostalgia de una historia que no es suya. Los hemos visto callar ante la magnitud de su asombro, ante un arbusto enfermo a la orilla del río. Y pocos se han detenido a pensar cómo devolver una lagrima hecha gota a su ojo, al momento en que del sentimiento surgió y fue uno con el universo. Usted no ha hecho nada.

¿Deseo? 

      Me preguntas qué deseo, y me quedo viéndote, sincero, con el alma desnuda - en donde quiera que pueda desnudarse-. No quiero reducirme a lo que quiero y no poseo. No, ése es el camino fácil. Sígueme abrazando, hace frió. Deseo, ¿qué es un deseo? ¿Es acaso una suerte instantánea, es acaso la vocación del sueño, es acaso la niebla que cubre mi pecho cada vez que miro el mundo? Deseo, deseo siempre. Miro aquél pasajero viento y se me antoja quererlo, cubrirlo. Observa, un deseo no es un querer algo, eso viene luego. ¿Deseo, qué es lo que deseo? No es un sueño, no es un querer, forma parte de uno y otro que le representan. Pero aquí, silencioso, se me antoja soñar que quiero desear algo. ¿Qué se puede desear? Algunos dirían que se desea siempre e inevitablemente algo que no se posee. Pero lo cierto es que me hallado a mí mismo deseando aquello que creo es parte indivisible de mí mismo -lo que quiera que sea-. Creo estar seguro de que no se desea aquello que no se posee. El verdadero deseo no puede ser eso. Aquello que deseo siempre nace, crece y vuelve a crecer en mi interior. Yo no quiero,me niego, yo no sueño, yo no miro desde lejos lo que deseo. Pero, si aquello que deseo no es nada más que eso quiero contarte, deseo con todo mi corazón querer, soñar, volar. ¿Cómo, no había dicho hasta ahora que se desea lo interior, lo propio? Si, en efecto, se desea lo propio que se expresa en lo singular externo. No me acuses de manera precipitada. Observa en tu interior, de nuevo, allí está, como todos los días, una suerte de nudo en el estómago apretando tu todo, llenando tus espacios. Deseo soñar, hablar, caminar, buscar, querer, imaginar, deseo volar, y, llegados a este punto, deseo más que nada vivir sin preocuparme del deseo. Porque al fin y al cabo, sólo se desea lo que realmente importa en la vida, las aventuras vienen luego. Ven, deseemos un todo unido a nosotros. Soñemos, imaginemos, creamos que a pesar de que no veamos la luna y las estrellas, de seguro nos narran, de seguro brillan por nosotros, de seguro desean, de seguro aprietan fuerte y abrazan con profundo cariño unas profundas vibras, un desequilibrio de versos y párrafos, de seguro asoman su frente y aprietan suavemente para ver el espectáculo crearse en los nudos y en las formas de los labios. 



      De las pocas cosas que he aprendido: hay que tomar la vida con las manos, afrontarlas, ver que somos más que piedras en el camino. Somos un barro infinito y brillante en construcción, una mitad entre el cambio (somos innegables). 


Ceguera selectiva 

       He pasado por su lado, le he sonreído a la distancia. Sabía no era más que un incierto pedazo de gloria insertado en una confusa maraña. La veo de lejos, se me quebranta la voz y los sueños deslizan por un cuerpo de temblores. Me quedo quieto, me quedo. Tras de mí viene el resto, observan, clasifican, huyen, crean y mueren. A mí me da igual, todos son pedazos de niebla en los ojos de un enamorado. Pero creo verle, pero creo hallarle, pero creo estar cerca. Cuando vuelvo no está y he perdido mi sueño. Al poco tiempo le veo, volteo, no se me hace conocida; el tiempo y las circunstancias me devuelven, sonrió, y de nuevo todo comienza, de nuevo todo termina.

Oriente-Occidente 

       Imaginemos por un momento la siguiente escena: Dos niños gemelos, de las mismas edades y con una que otra diferencia en su absoluta unidad se encuentran jugando. De pronto, los dos niños se dan cuenta de que su padre se encuentra al otro lado de la habitación, distraído pero observándolos. Cada niño emprende una carrera por obtener la atención de su padre a quien observan, evidentemente, desde distintas perspectivas. En la carrera, los dos pequeños utilizan las artimañas necesarias para lograr dejar atrás a su contraparte inmediata. Pero un momento, ¡han arremetido uno contra el otro tan ferozmente, que se han quedado sin brazos y sin lengua! Desangrados y sin poder comunicarse, se observan uno al otro desde el suelo, detallando la siguiente jugada para alcanzar, cada uno, el brazo y la lengua mutilada de su inmóvil adversario. El padre, muy sereno, se pone en pie, pasa por el medio de los dos pequeñuelos, se devuelve y los levanta al tiempo. De pronto, en la locura de la noche, los dos niños se levantan del sueño en el que ambos soñaban jugar y encuentran a su padre al lado, eso sí, cada uno creyéndolo más cerca de sí mismo.

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