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Mostrando entradas de octubre, 2016

Deidades anónimas

Tengo miedo, no paro de vomitar. Ayer en la noche subió una bocanada amarilla de bilis a mi garganta, chupaba y derramaba la leche de mi madre. Estaba sentado al lado del capitán, conversándole del asedio de los colonos gringos, cuando divisé el culo de mi compañero en salvaje diarrea. El tipo, en medio del dengue café, rezaba por su alma mirando al cielo. La impresión llevó todo mi almuerzo –  frijoles, arroz y papa – hacia afuera. El descontrol fue bravo. Me siento enfermo, pálido y sin ganas de levantarme. No paro de vomitar, es odioso. En la mañana el capitán organizaba su habitual saludo a la bandera de la república, una tradición poco útil en la montaña. Me llamó a mí, en reconocimiento por el bandido caído en campaña, a desdoblar el manto y a elevar el honor de compartir su misma tierra: ‘Caballeros, firmes, saludamos con solemnidad la patria de los grandes hombres que…’. ¿Cuál será la pena para un reformador orgánico de los símbolos patrios? Para hacerse odiar o amar ...