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Mostrando entradas de 2015

Lo que me quedó y usted

                 Esta vez fue distinto, la vida que se me despertó murió en mi contra. Cuando tuve que devolverme a arrancar el sobrante de piel que colgaba de mi cara, con pretensiones de distancia, obligué mi paso, no por inseguridad, sino por convicción. Usted estaba.                   Cómo explicarles a las personas que no hay más en mí que lo que me ha dejado un largo periodo de excitación colectiva, una danza de alabanzas interiores que destrozaron la cotidianidad y me arrojaron al pesado camino de ser “yo mismo”, a pesar de todo. Quisiera expresarles que agradezco su cercanía, pero que no me son suficientes. Decirles, de una vez por todas, que su felicidad se hace un atasco en mi garganta cuando no me parezco a ellos, cuando disimulo que me agrada la profunda vida que amo. Mirarlos a los ojos y clavarme un trozo de miseria en el corazón, alborotar su pe...

Cortos-cortísimos

Sus-trato         No queme sus lagrimas de nuevo, hágalas suyas, solitarias y profundas cercanías. Es cierto, nadie tiene más derecho a matarse que el que se ha levantado. Ha visto un pedazo de su cielo y ha querido regresar, espantar su ruido, atravesar con una bala sus aves, quitar y exprimir cada una de sus plumas hasta des-materializar, aniquilar cada verso al amor, al suspiro. No trate usted de repudiarse, el asco innato de su rostro lo ha hecho merecedor de sus placeres. Es lo mismo una mirada al horizonte y un silencio alternado, unido. Ha llegado el olor de su sombra matutina; elevación nocturna. Ya va siendo tiempo de que se deje de rodeos y se largue. El remedio a los fantasmas se encuentra en la selva de sus horas y no en el minutero de los rápidos desenfrenos. Clave, pues, el esfero y la navaja en la punta del centro de su mano, hasta que el filo toque la mesa, que el dolor es suyo y suya la mesa, suya la naturalidad del objeto, suya la insignific...